viernes, 22 de febrero de 2013

La zorra

Franz Marc, Blue Black Fox (1911).
Museo Van der Heydt (Wuppertal, Alemania)

Esto sucedió a una zorra que se tendió en la calle y se hizo la muerta al verse sorprendida por la luz del día, entretenídose como había la noche entera en un corral, comiendo gallinas. Creyó la zorra que la gente no le haría caso y así fue al principio, pero luego un paseante trasquiló unos pelos de su frente, otro los del lomo y otro los de la ijada, que los pelos de zorra buenos son para el mal de ojo; no es daño muy grave perder los pelos, pensó la zorra y se estuvo quieta. Otro más tarde le sacó unos dientes y otro las uñas, para los tumores, e iba después aquel ya empuñando el cuchillo con que sacarle el corazón, corazón de zorra para el dolor del corazón. Vio entonces la zorra que tendría que arriesgarlo todo para no perderlo todo, eso significa el corazón, y cuenta Patronio que se esforzó por escapar y salvó la vida, acaba bien el cuento y conde y consejero lo entienden de este modo: "... es mejor soportar las ofensas leves, pues no pueden ser evitadas; pero si los ofensores cometieren agravios o faltas a la honra, será preciso arriesgarlo todo y no soportar tales afrentas, porque es mejor morir en defensa de la honra o de los derechos de su estado, antes que vivir aguantando indignidades y humillaciones". El conde pensó que este era buen consejo y don Juan lo mandó poner en su libro y yo me he acordado de Patricio, que se tomó unas centraminas la víspera del examen, estudió aquella noche el temario completo de principio a fin y del revés, y aún le restó vela para lavar y secar la vajilla y la cristalería de su madre y ordenar con mucho gusto todas las piezas de mayor a menor. Qué puta vieja, Celestina, llegó aquella mañana diciendo Patricio, y yo, que suelo repetirlo porque me acuerdo de Patricio a veces, tengo a Celestina por un personaje lleno de la dignidad y honra que da la vida humana al que la tiene y ama y se afana por ella, mucho descuella sobre la mezquindad y locura de los otros personajes, aunque buena no es, no, la zorra. El zoónimo en su acepción inespecífica es epiceno y como tal carece de moción de género, si bien el español conoce ambos y usa de preferencia el femenino, que también suele evitarse por los sentidos antroposémicos exclusivos de éste. La zorra de El Principito es zorro: Buenos días, saluda al Principito el zorro bajo un manzano, un zorro muy bonito. Ven a jugar conmigo, pide el niño. No puedo jugar contigo, no estoy domesticado, responde el animal. 
Mi tía Amalita tenía una estola de zorros, dos zorritos unidos por el hocico, la zorra de Patronio y el del Principito me han recordado aquella mordedura fascinante, dale un beso a la tía Amalita, y la leve sombra de los rizos de mi tía se entreveraba con el fulgor de los zorros. El zorro de mi tía no era adorno sino atributo cierto bajo el óvalo de la cara, hay un vínculo esencial y no accidental entre mi tía Amalita y su estola, que no es rasgo leve ni cancelable sino fundamento de una predicacion más semejante a "todos los solteros son no casados" que a "Juan es irlandés", es decir, un juicio analítico que descansa sobre una ontología esencialista, según la cual hay propiedades necesarias e inmodificables. No sé cuántos grados suman los ángulos de una zorra, pero algún ruin de la tragicomedia dirá que "aunque muda el pelo la raposa, su natural no despoja".
Por favor, domestícame, ruega la zorra al Príncipe.

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